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Ameco Press.- Así que en breve, si el gobernador David A. Paterson firma la ley aprobada por el Senado, las que cuidamos de hijas e hijos ajenos, limpiamos casas u oficinas, cuidamos de personas enfermas, tendremos derecho a pago de vacaciones, pago de días por enfermedad y días festivos, pago por trabajo de horas extras.
Y, lo más importante, si la empleadora o empleador quiere poner fin a la contratación, tendrá que notificar, cuando menos catorce días antes, el término de la relación laboral. O sea, antes de que nos veamos sorpresivamente sin trabajo.
De esta manera, la otra parte de las mujeres, cuyo trabajo sirve para sostener a su contraparte, empieza a salir de las sombras y su rostro se ilumina por el reconocimiento a sus jornadas. Un reconocimiento que deja atrás el impune trato a su ardua labor, a su esfuerzo diario que impulsa y eleva la economía de mujeres y naciones.
Con o sin papeles
El Senado pasó esta ley, por supuesto con la desaprobación republicana, cuyos legisladoras y legisladores insisten en que beneficiará a la clase trabajadora indocumentada (grave pecado). No obstante, la votación fue de 33 a 28.
Las mujeres presentes ayer en Albany salieron llorando, pero en esta ocasión de alegría por la victoria obtenida.
Los medios de comunicación dieron espacio en primera plana a esta noticia y fue difundida tanto en inglés como en español.
El año pasado, la Asamblea también pasó una medida similar y ahora se espera que los y las legisladoras conjunten una versión para que el gobernador Paterson la firme.
De concretarse este acto, como se prevé, Nueva York será el primer estado en proteger a la clase trabajadora doméstica. Se presume que beneficiará a más de 200 mil trabajadoras y trabajadores en la zona metropolitana, sin importar si son migrantes con o sin papeles.
El New York Times y el diario La Prensa, dan cuenta de este suceso histórico. El diario La Prensa indica que de acuerdo con un estudio realizado por Domestic Workers United, el 33 por ciento de las trabajadoras dijeron haber sufrido abuso verbal o físico por parte de sus empleadores, y el 67 por ciento informó que nunca o solo algunas veces les pagaban las horas extras.
“El patrón cree que la trabajadora doméstica no tiene derecho a nada, aunque sea ciudadana”, dijo Lilliam Juarez, del Centro de Estudios Laborales, organización que protege a trabajadores inmigrantes en Long Island.
Por su parte, Ana Martínez, integrante de un grupo de trabajadoras domésticas latinas de Staten Island, mencionó que esta ley es un primer paso muy importante, pero que la lucha va a seguir porque hay mucha necesidad.
Es obvio que esta ley pone en igualdad a todas las mujeres y dejará a un lado el “ninguneo” de este servicio laboral. La clase trabajadora doméstica se pone de pie y este triunfo puede ser la llave para abrir otra puerta a la igualdad: el pago salarial y el reconocimiento al trabajo que realizamos las mujeres en nuestros hogares.
Esto nos visibilizará y, ¿por qué no?, nos llevaría en el futuro a un salario doble, que nos retribuya por la doble (o triple) jornada laboral que las mujeres realizamos diariamente.
Esperemos que esta ley sea ejemplo a seguir en toda esta nación y en todo el mundo. Sería justo que la norma se globalizara, tanto o más como globalizada está la desigualdad
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